Feed de Artículos o Comentarios 27 Junio 2007

Viajes asinkecualo on 27 Jun 2007 11:08

Fin de semana en Teruel y Albarracín

El pasado fin de semana estuve en Teruel. Y sí, existe, aunque esté lejos de casi todo. Desde Madrid son poco más de 300 kms de camino, con 190 de autovía, y 110 de carretera de dos carriles, pero muy recta y con buen firme.

El motivo del viaje era ver la exposición Tierras de Frontera, que termina esta semana. Repartida en 3 sedes (dos de ellas en Teruel capital, y una en Albarracín), esta exposición pretende reflejar la vida en las tierras en las móviles fronteras medievales entre reinos españoles y musulmanes. Si hacemos caso de la propaganda, se trata de un ímprobo esfuerzo por traer las mejores y más representativas piezas de cada zona “de frontera“. Sin embargo queda ahí la intención, y la exposición no pasa de ser una amalgama de objetos viejos, junto con algunas verdaderas obras de arte, y malas réplicas y copias facsímiles de algunos de los elementos más publicitados. Si tuviera que calificarla de 0 a 10 le daría un 4 y la suspendería por mala planificación, y escasa preparación. Lo mejor sería el emplazamiento en la catedral de Teruel, con sus artesonados mudéjares, y el ser una buena excusa para ver la ciudad y, sobre todo, descubrir Albarracín.

Respecto a la ciudad, con sus monumentos mudéjares, es un lugar para dedicarle un día a lo sumo. Ver las torres, visitar la catedral y dar un paseo no lleva mucho más. Las famosas 4 torres mudéjares (Santa María, San Pedro, San Martín y El Salvador). El cimborrio de la catedral y su artesonado, y las calles y plazas históricas (muy renovadas, y con poco cuidado en la tipología de los edificios nuevos). Es obligatorio pasar de todas las referencias a los Amantes de Teruel (tonta ella, tonto él), engañabobos como pocos.

Albarracín es otro cantar. Se trata de una de las joyas medievales de España, junto con Santillana del Mar. Está tan bien restaurado, mantenido, limpio y cuidado que parece un decorado más que una auténtica ciudad llegada directamente de los siglos XIII-XV a nuestros días. Perderse entre sus calles, subir la muralla o visitar los pequeños monumentos que jalonan el camino son alguna de las posibilidades que nos ofrece. Además, aunque en esta ocasión no ha podido ser, sus alrededores ofrecen restos de otras épocas, como el acueducto romano de Cella, o las pinturas rupestres del Rodeno. Todos ellos juntos merecerán una segunda visita, más pronto que tarde.

A la vuelta del viaje por la perdida provincia de Teruel, yendo hacia Madrid, es parada obligatoria, a pesar de desviarnos unos kilómetros de la A-2, Sigüenza, en Guadalajara. Conocida por el famoso Doncel, su catedral, desde fuera aparenta ser pequeña, con aspecto de catedral-fortaleza de base románica y terminada en estilo gótico y renacentista. Pero la sorpresa viene cuando se entra, para lo cual hay que bajar unos escalones. En ese momento, la magnificencia de los arcos y la altura de las bóvedas, cambian por completo nuestra percepción, y casi no advertimos el intenso frío. Como dijo el guía, “Cuando se abre la Catedral, Sigüenza se enfría“. Comenzada en estilo románico, la catedral se convirtió en gótica, y aún se aprecian los detalles de ambos estilos y sus diferencias estructurales. De resultas la catedral es muy oscura, sin los altos ventanales góticos, y con fuertes muros con contrafuertes. Como ya he dicho, es conocida por El Doncel, pero alberga otros tesoros, como la Sacristía de las Cabezas. Precedida por una portada plateresca tallada, la sacristía es un impresionante espacio con bóveda de medio cañón dividida en cuatro partes. Está decorada esta bóveda con 304 cabezas grandes y 3000 más pequeñas, que representan la diversidad social y racial de la época, y es única en su género, una auténtica joya.

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